En Estados Unidos, un ataque armado en una mezquita de San Diego dejó tres personas fallecidas el lunes por la mañana. Las autoridades investigan el caso como un posible crimen de odio.
El hecho ocurrió en el Centro Islámico de San Diego, considerado una de las mezquitas más grandes del condado y donde también funciona una escuela religiosa para niños.
Según la policía, dos adolescentes llegaron armados y comenzaron a disparar dentro de las instalaciones antes de escapar en un vehículo.
Quiénes eran los tiradores
Las autoridades identificaron a los atacantes como Cain Clark, de 17 años, y Caleb Vazquez, de 18 años.

Clark era estudiante de secundaria, integrante del equipo de lucha libre y se preparaba para graduarse próximamente.
La mañana del ataque, la madre de Clark llamó a la policía para reportar que su hijo había escapado de casa.
También informó que varias armas habían desaparecido junto con el vehículo familiar.
La mujer explicó además que su hijo tenía tendencias suicidas y que iba acompañado de otro joven vestido con ropa camuflada.
La policía inició una búsqueda utilizando lectores automáticos de matrículas y otras herramientas tecnológicas para localizar el automóvil.
Mientras los agentes investigaban, recibieron el reporte de un tirador activo dentro de la mezquita.
Después del ataque, ambos jóvenes fueron encontrados sin vida dentro del vehículo a pocas cuadras del centro islámico.
Las autoridades confirmaron que presentaban heridas autoinfligidas.
Lo que encontraron las autoridades
La policía de San Diego y el FBI indicaron que el caso es investigado como un posible crimen de odio.
Dentro del vehículo y en la escena fueron encontrados escritos antiislámicos y mensajes relacionados con odio racial.
También hallaron una nota de suicidio donde se mencionaba “orgullo racial”.
Junto a una escopeta apareció un bidón de gasolina con simbología nazi.
Las autoridades informaron además que varias armas tenían frases y mensajes de odio escritos sobre ellas.
El FBI señaló que ambos adolescentes compartían odio hacia distintos grupos raciales y religiosos.
Las víctimas del ataque

Entre las víctimas se encontraba Amin Abdullah, guardia de seguridad de la mezquita.
Tenía 51 años y era padre de ocho hijos.
Su familia contó que tomaba muy en serio su trabajo y que muchas veces evitaba tomar descansos por temor a que ocurriera algo mientras no vigilaba el lugar.
Personas cercanas explicaron que quedó profundamente impactado después del ataque ocurrido en una mezquita de Nueva Zelanda en 2019.
Tras aquel hecho decidió enfocarse todavía más en proteger el centro islámico y a las familias que acudían diariamente.
Compañeros y familiares aseguraron que siempre actuaba pensando primero en la seguridad de los demás.
Las autoridades creen que sus acciones evitaron que los atacantes llegaran hasta las áreas donde se encontraban niños y trabajadores.
El encargado de la tienda de la mezquita
Otra de las víctimas fue Mansour Kaziha, de 78 años.
Era una figura muy conocida dentro de la comunidad musulmana de San Diego desde la década de 1980.
Trabajaba como encargado de mantenimiento y también administraba la pequeña tienda del centro islámico.
Muchos niños lo recordaban porque acostumbraba regalar dulces a quienes visitaban la mezquita.
Durante el Ramadán ayudaba a preparar alimentos para cientos de personas que acudían a romper el ayuno.
Miembros de la comunidad señalaron que era considerado uno de los pilares históricos del centro islámico.
El hombre que salió a ayudar
La tercera víctima fue Nadir Awad, de 57 años.
Vivía frente a la mezquita y su esposa trabajaba como profesora en la escuela del centro islámico.
Según responsables de seguridad, cuando escuchó los primeros disparos corrió inmediatamente hacia el lugar para ayudar.
Personas cercanas lo describieron como alguien alegre, carismático y siempre sonriente.
Aunque no trabajaba oficialmente en la mezquita, decidió intervenir apenas escuchó lo que estaba ocurriendo.
Comunidad permanece en duelo
Tras el ataque, decenas de personas acudieron al lugar para dejar flores y mensajes de apoyo a las familias afectadas.
Líderes musulmanes y organizaciones civiles pidieron reforzar la seguridad en centros religiosos y escuelas.
El director del Centro Islámico de San Diego calificó el hecho como indignante y aseguró que todos los lugares de culto deben ser protegidos.
La investigación continúa mientras las autoridades revisan cámaras de seguridad, publicaciones en redes sociales y otros elementos relacionados con el caso.